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Carta de renuncia al PSD

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Me voy para continuar

Patricia Mercado

He decidido dejar el Partido Socialdemócrata. Se trata de una decisión largamente reflexionada y debatida con mis compañeras y compañeros, con los que he compartido el esfuerzo de construcción de este partido, con los que hice la campaña y con los que enfrentaron a mi lado el intento por construir un partido de personas autónomas, con identidad propia, que hiciera las cosas de una manera diferente, que tuviera auténtica militancia y viviera en la deliberación democrática permanente.

Sin embargo, nos enfrentamos a la trampa, a la simulación, a las alianzas inconfesables, a la arbitrariedad y a la agresión. Acabamos siendo víctimas de una usurpación construida por el actual grupo dirigente, con los recursos públicos que debían ser usados para difundir su programa, fortalecer la participación ciudadana y consolidar su presencia electoral. El dinero de los contribuyentes se utilizó para comprar lealtades y acarrear clientelas, para sobornar a quienes tenían poder de decisión en una comisión pretendidamente autónoma.

Hicimos valer nuestros derechos ante el Tribunal, aunque sólo fuera parcialmente, y logramos demostrar que habíamos sido sujetos de una agresión diseñada claramente para echarnos de una asamblea en la que teníamos mayoría. No conformes con comprar delegados y ofrecer prebendas, nos echaron encima a un grupo de porros que hoy militan en este partido. Fuimos a las nuevas asambleas a debatir y nos encontramos de nuevo con un ambiente decidido de exclusión, incluida esta última donde no hubo un solo espacio para aquellos que de nuestra corriente han decidido quedarse.

El resultado de un proceso lleno de abusos, trampas y corrupción es un partido vertical y autoritario, que ha decidido ya un rumbo: el de convertirse en satélite de los partidos de siempre.

Ese camino no lo comparto. En la campaña hablé de hacer las cosas de una manera diferente y considero que esa era la base del pacto que construía el partido con la ciudadanía a cambio de sus votos. Mi candidatura era la expresión de un proyecto. Estábamos estableciendo un compromiso claramente expresado en un programa de renovación de la política. El grupo que se apoderó del partido ha roto ese contrato.

Muchas personas cercanas me han dicho que me quede a hacer oír mi posición y a recuperar el partido que construimos con tanto esfuerzo. Ni siquiera existe en el PSD el espacio para hacerlo. La decisión fue excluirnos, eliminarnos. En menos de un año realizaron tres reformas estatutarias para construirse una institucionalidad a modo que les asegure impunidad ante la arbitrariedad, el abuso y la corrupción, muy lejos de nuestra mínima aspiración democrática de convertir al partido en un espacio de pluralidad, deliberación e inteligencia colectiva.

Este partido está fracturado, sin programa, desprestigiado, sin identidad y sobre todo lleno de dirigentes con las más viejas prácticas políticas, unos simples saqueadores de recursos públicos. Ese es el legado de Begné. Hizo de un partido con más de un millón de votos un cascarón de incierta supervivencia y sin utilidad para la vida política del país. Un partido donde no se antoja participar porque golpean, chantajean, manipulan. Un partido que ha dejado de ser Alternativa.

Sin embargo, estoy convencida que es posible hacer política desde otro lugar: el de la vida cotidiana, el de la ciudadanía que ve violados sus derechos, que se siente impotente ante la ineficacia de los gobiernos, ante la impunidad de los delincuentes, ante el fraude educativo, ante la imposibilidad de salir de la pobreza, ante la discriminación.

La etiqueta socialdemócrata perdió significado para mi, llamo de nuevo a poner en movimiento la Alternativa. Gracias.

Septiembre 2008

Compañeras y compañeros,

Les agradezco mucho su presencia libre y voluntaria. Es un acicate para mí y un incentivo para todas y todos en Alternativa.

Como señale hace unos momentos y ahora reitero creo en la política que busca edificar una casa común para que juntos la habitemos como dueños soberanos. Una casa común generosa y protectora que acoge a tod@s l@s mexican@s. Que cultiva las diversas iniciativas individuales. Que apoya el ingenio personal. Que fomenta los lazos solidarios. Que reconoce la riqueza en la diversidad. Que valora la elaboración de propósitos comunes.

Porque creo en todo esto y sobretodo en la grandeza de la democracia mexicana hoy he venido aquí, en cumplimiento a la legislación vigente a registrarme como candidata a la Presidencia de la República para el período 2006-2012.

Amigas y amigos,

La política moderna reconoce la tensión entre personas tuteladas y ciudadanos libres. Pero no duda en su opción. Opta por ciudadanas libres de la incertidumbre y la fragmentación. Opta por ciudadanos libres de la frustración y del estigma social. Opta por ciudadanas libres de la desesperanza.

La política moderna rechaza los monopolios y las oligarquías del dinero, del saber o de la fe. Propone competencia y solidaridad como instrumentos para que optemos libremente.

Sobre todo rechaza los monopolios de la verdad. Asume la diversidad. Reconoce en el pluralismo enfoques distintos para plantearse preguntas, para ofrecer respuestas y para implementar soluciones.

Para que el pluralismo no devenga en fragmentación que dañe el tejido social, ni la competencia entronice el reinado salvaje del interés egoísta, ni la solidaridad se transforme en paternalismo insultante; la política moderna debe hacer gobernable la diversidad.

Primero está la reconstrucción de la casa común. La que habitamos pero sobre todo la que queremos habitar y heredar a nuestros hijos y a nuestros nietos.

Para eso, ciudadanas y ciudadanos debemos aceptar que:

1. Somos y queremos seguir siendo mexicanos
2. Queremos oportunidades para progresar
3. Buscamos protección frente al infortunio
4. Demandamos seguridad ante la arbitrariedad y las conductas delictuosas

Este es el piso mínimo de la convivencia que la política debe hacer posible a través del compromiso, la construcción de los acuerdos, el diálogo para entender las razones de los demás.

Ofrezco alcanzar durante mi campaña electoral el compromiso de actores políticos y sociales, nacionales, transfronterizos, regionales y locales, en torno a estos cuatro principios básicos.

A partir que nos reconozcamos habitantes de una misma casa podremos entender mejor y ponderar con libertad las distintas opciones que se nos ofrecen. Como habitantes de una casa en común podremos discrepar en cómo alcanzar esos principios o en cómo definirnos frente a su aplicación práctica.

La política y el poder en México se ejercen aplicando las viejas reglas a una nueva realidad. Esto nos ha llevado, primero, a la fragmentación, y después a una confrontación paralizante.

Para superar la fragmentación y la parálisis, necesitamos nuevas reglas políticas que hagan posible la creación de objetivos comunes. Necesitamos sustituir la ineficacia de un presidencialismo que ya no funciona por un esquema semiparlamentario que valora la diversidad política y la hace gobernable.

Al compartir nuevas reglas, podremos reconstruir la comunidad que hoy está fragmentada. Podremos dejar atrás los falsos consensos que logra el dinero en la política y que corrompen a la democracia. Con ello cumplir con la obligación de la política que es responderle a los ciudadanos, curando la sordera de la clase política para que escuche a la ciudadanía.

La reforma de la política es nuestra principal bandera. Sólo con nuevas reglas y nuevas formas de hacer política, podremos defender lo que somos y queremos ser, podremos aprovechar las oportunidades y cohesionarnos alrededor de la comunidad a la que pertenecemos.

La desigualdad es el tatuaje que marca nuestro pasado y nuestro presente. Es necesario subrayar que ésta es la región más desigual del mundo. Esta desigualdad dificulta enormemente la reducción de la pobreza. Una economía en donde la mayoría de la gente no tiene poder de compra, no puede crecer.

La desigualdad no es sólo de ingresos sino también es:
· Desigualdad en el acceso al capital humano como educación y salud.
· Desigualdad ante la ley
· Desigualdad para influir en las decisiones políticas.
· Desigualdad por razones de sexo, de etnia, de religión, por discapacidad, origen nacional y orientación sexual.

Establecer las condiciones para una auténtica igualdad de oportunidades necesita voluntad de las elites y la acción del conjunto de la sociedad. Ofrezco por esto, presentar durante mi campaña después de consultar a expertos y ciudadanos, a funcionarios públicos, a empresarios y a activistas sociales, una propuesta de largo alcance que combine:

1. Un programa específico de ingreso mínimo ciudadano,
2. Un proyecto renovado de educación de calidad y adiestramiento técnico continuo
3. Acceso universal a la salud de calidad
4. Las propuestas de reformas legislativas que aseguren el impulso a actividades productivas rentables e innovadoras.

Mujeres y hombres libres del estigma social, son los que nos han movido desde nuestros orígenes políticos. Nos identificamos con aquellas personas que han sido excluidas por ser diferentes:

· Por ser viejos o por ser jóvenes
· Por ser mujeres o por ser hombres
· Por ser indígenas o por ser extranjeros
· Por ser homosexuales o por ser lesbianas.
· Por ser de izquierdas o por ser de derechas
· Por ser ricos o por ser pobres.

Ofrezco fomentar la tolerancia con quienes son diferentes y contribuir a eliminar la exclusión social. Necesitamos aprender unos de otros, no solo para convivir sino para construir en conjunto. Reconocer la diversidad no significa fragilidad, es, por el contrario, la base de nuestra fortaleza.

La sociedad mexicana cambió y no podemos permitir que el acceso a los recursos económicos, tecnológicos, sociales y culturales, esté condicionado por nuestro origen, raza, preferencia sexual o manera de pensar. Ofrezco proponer medidas para garantizar la igualdad efectiva en el acceso a:

1. Educación y cultura.
2. A los servicios del estado
3. A los mercados.
4. A la seguridad y a la justicia.

Ofrezcamos como sociedad garantías para que una niña indígena que nace pobre en una región marginada de nuestro país, no tenga el futuro predestinado. Tenemos que garantizar que sea libre para elegir el camino de su vida. Que los estigmas sociales no la puedan frenar, que pueda elegir su educación como parte de la cultura a la que pertenece, que pueda elegir su profesión, que pueda elegir la familia que quiere formar, y que pueda elegir libremente su manera de pensar.

La tarea de reconstruir el futuro va más allá de garantizar la seguridad material de las personas. El objetivo de fondo es dar certidumbre a la diversidad en las formas de vida libre.

Para lograrlo es necesario atacar el principal problema económico que aqueja a nuestro país, la desigualdad que provoca estancamiento económico.

Llevamos más de veinte años sin que nuestra economía crezca a niveles que permitan una vida digna.
Para tomar la senda del crecimiento con equidad, el Estado debe contar con mecanismos que le permitan una efectiva redistribución efectiva de la riqueza.

Para eso, la reforma económica debe basarse en la idea que no hay un solo conjunto de políticas que puedan garantizar el crecimiento sostenido. Ni en el arte ni en la economía es válido el principio totalitario de caminos únicos. Hay una diversidad de instrumentos disponibles dentro de un marco básico de estabilidad económica.

El más eficaz somos nosotras y nosotros mismos. En palabras del gran presidente mexicano Lázaro Cárdenas, “El pueblo de México es poseedor de una gran riqueza: la inteligencia de sus hombres y de sus mujeres. Podemos afirmar que su desarrollo y aprovechamiento es condición sin la cual todo intento de establecer una sociedad más justa resulta vano.”

Un gobierno comprometido con el crecimiento con equidad tiene que dotar al Estado de mayores recursos para incrementar la capacidad de invertir en las personas. Para esto, ofrecemos presentar una propuesta de reforma fiscal integral consensuada entre contribuyentes, expertos, funcionarias, técnicos, empresarias.

La búsqueda de soluciones privadas a problemas públicos es producto de contextos de incertidumbre como los que ahora vivimos. Sin embargo, estas tendencias pueden ser modificadas por el compromiso político.

Es crucial que las reformas, sean éstas de naturaleza económica, social o política, puedan ser reguladas mediante la negociación constante y los acuerdos para hacerlas menos amenazadoras. Es indispensable una base común de entendimiento para operar cambios trascendentales como los que propongo. La gradualidad en las transformaciones es un buen amortiguador para evitar disrupciones producto de las resistencias ante el cambio.

Culminada la transición democrática y abiertos los cauces para la expresión de diversas opciones políticas es responsabilidad de nuestras generaciones consolidar la democracia como forma de vida y como método para dirimir pacíficamente las disputas.

El actual ejercicio de la democracia no produce ni derrotas definitivas ni victorias avasalladoras. Si persistimos en este ejercicio, se podrá generar un acceso más equitativo al ejercicio del poder y con ello mejores mecanismos para atemperar la opulencia y reducir la indigencia.

De ahí que el tiempo de la política es el tiempo de la perspectiva de largo alcance, no de la mezquina cortedad de miras.

El tiempo de la política es el tiempo de las conductas honestas y de la generosa tolerancia, no del espíritu depredador ni del oportunismo desbordado.

Para nosotras en Alternativa, para la izquierda que representamos, el tiempo de la política es también el tiempo del compromiso histórico con la libertad para conseguir la justicia en todos los ámbitos de la vida de las personas.

Compañeras y compañeros,

Durante la campaña electoral llevaré como bandera el proyecto de Alternativa. Un proyecto claramente diferente a las opciones que representan los tres partidos hegemónicos.

Confrontaremos nuestra alternativa con el candidato del PRI que representa a un pasado antidemocrático, plagado de corrupción en la vida pública que deja una pesada herencia, que aun continúa, de manejo discrecional y patrimonial de los recursos públicos..

Confrontaremos nuestra alternativa con el candidato del PAN, embelesado entre el espejismo del poder y la brega eterna que no termina de entender el significado de las luchas de nuestra historia por alcanzar la igualdad y la justicia social, por mantener un estado laico como garantía de convivencia civilizada y respeto a las diferentes creencias y formas de vida.

Confrontaremos nuestra alternativa con el candidato del PRD, que pregona una justicia social por vías que han demostrado una y otra vez ser callejones sin salida porque no asumen la diversidad y porque sustituyen participación por clientelismo.

Aun así me parece claro que las izquierdas mexicanas pueden y deben poder ganar en estas elecciones presidenciales del 2006.

Las preguntas relevantes son cuál izquierda, con qué compromisos y con cuál coalición de fuerzas sociales para gobernar.

Expreso con muchas compañeras y compañeros de ALTERNATIVA y de otras alternativas una sensibilidad que reconoce la diversidad en las izquierdas, que reclama el derecho a la diferencia. Que respeta a las izquierdas partidistas y sociales, parlamentarias y extraparlamentarias. Porque las respetamos, polemizamos y marcamos nuestras diferencias a la luz pública.

Nos reconocemos en la rica tradición del liberalismo mexicano del siglo diecinueve desde Ponciano Arriaga, Benito Juárez, El Nigromante y Guillermo Prieto.

Nos reconocemos en el espíritu feminista de la lucha por el sufragio de las mujeres como Juana Belén.
Nos reconocemos en el pensamiento de izquierda del constructor del México moderno el gran presidente Lázaro Cárdenas.

Abrevamos en el rico legado de la generación del Ateneo: Vicente Lombardo Toledano, Andrés Caso, y Manuel Gómez Morín por mencionar a algunos.

Rememoramos las luchas políticas de comunistas y socialistas mexicanos que se dieron a la intrépida tarea de construir alternativas políticas legales. Ellos, también enfrentaron los obstáculos de un sistema político hermético.

Reconocemos en la generación del 68, en Heberto Castillo, Demetrio Vallejo, Manuel Clouthier, Luis H. Alvarez y Cuauhtemoc Cárdenas a los precursores modernos de nuestra democracia.

Reconocemos en Emiliano Zapata, Francisco Villa, Graciano Sánchez, Ramón Danzós Palomino, Rubén Jaramillo y los valientes luchadores sociales una fuente constante de inspiración y un impulso a colocar los problemas del campo en el centro de la agenda nacional.

Hemos mantenido desde 1985 con las costureras víctimas del temblor, hasta la formación de Diversa; la lucha política por el reconocimiento de los derechos políticos y los derechos laborales de las mujeres y otros grupos que han sido excluidos históricamente.

Nos reconocemos en la participación de Democracia Social en las elecciones del año 2000, organización que logró incorporar a la agenda nacional los nuevos derechos para combatir la pesada carga social de la discriminación.

Continuamos las tareas de México Posible y Fuerza Ciudadana en las elecciones federales del año 2003, como parte de la historia de mujeres y hombres que se han sumado al reclamo de aquellas que no quieren mantener su vida predestinada por su condición reproductiva.

Este recorrido con diversas expresiones, con diferentes sensibilidades y distintas formas de participación política ha estado inspirado en el despliegue de una alternativa de izquierda moderna.

Reconocemos nuestra simpatía política con los gobiernos de Luiz Ignacio Lula da Silva en Brasil, Tabaré Vasquez en Uruguay y sobretodo Ricardo Lagos en Chile y José Luis Rodriguez Zapatero en España por su serenidad y talante democrático. Y desde aquí hago votos para que pronto tengamos en Chile una mujer presidenta, Michelle Bachelet que será precursora de muchas otras que esperamos dirigir nuestro país.

Amigas, amigos:

Somos una izquierda de cara al futuro que reconoce sus errores, los rectifica pero no se paraliza.

Nos diferenciamos de algunas izquierdas del pasado que subestimaron la democracia y olvidaron la libertad con el argumento que construirían primero la justicia. No lograron ni uno ni otro porque la justicia es una acto libre que conquistan ciudadanos libres.

Nos diferenciamos de algunas izquierdas del presente encantadas con el espejismo del poder, que ayer pregonaban que cualquier método era válido para acceder al poder o para mantenerse en él y hoy menosprecian la ética pública en aras del pragmatismo.

Somos una izquierda realista que cree en la libertad para conseguir la justicia, que cree en la deliberación para construir consensos, que cree en la legalidad para transformarse junto con la sociedad.

Somos una izquierda que valora el carácter ejemplar de la moral pública basada en la honestidad, en la transparencia, en el combate a la impunidad y en el cumplimiento a la palabra empeñada y al compromiso adquirido.

Somos una izquierda de cara al futuro no porque seamos mejores o peores que las otras izquierdas sino porque escuchamos a las ciudadanas y a los ciudadanos. Porque nos presentamos como seres humanos con errores y aciertos. Porque tendremos el valor de rectificar equivocaciones y el coraje de tomar decisiones difíciles.

Porque entendemos la política como un continuo proceso de aprendizaje ciudadano nos comprometemos a articular con los otros poderes constitucionales un Estado responsable y con respuestas.

Hoy, frente Uds compañeras y compañeros, en la certidumbre de la responsabilidad política que asumo, con la inspiración de las personalidades que he evocado y el apoyo de mi esposo y mis hijos, l@s convoco para que junt@s sin aspavimentos ni grandilocuencia, sin arrogancia pero con firmeza, llamando a las cosas por su nombre y asumiendo las restricciones que siempre existen en toda actividad humana:

Recorramos el país tejiendo un compromiso histórico para hacernos merecedoras al máximo encargo que sus conciudadanos le pueden otorgar a una mexicana y a una nueva generación que se expresa con ella. El alto honor de gobernar las iniciativas y los esfuerzos de la sociedad en pos de su seguridad y su progreso.

Contigo, con Uds, con nosotras y nosotros en el centro.